Adele: la voz que llenaba la sala y la mujer que insistió en que Beyoncé debía ganar

Su primera canción, «Hometown Glory», la escribió Adele a los 16 años sobre el barrio londinense de West Norwood. Grabó tres maquetas para un proyecto escolar, se las dio a una amiga y esta las subió a MySpace. Las grabaciones se difundieron, el jefe de XL Recordings cogió el teléfono y en 2006, con 17 años, firmó un contrato.
Su segundo álbum, 21, salió en enero de 2011 y convirtió su voz en el sonido de una década: «Rolling in the Deep», «Someone Like You». Cantaba al corazón roto sin adornos, como si no temiera la verdad. Eso, y no la técnica, hacía callar a las salas.
En los Grammy de 2017 ganó el Álbum del Año por delante de Lemonade de Beyoncé y dijo que no podía aceptarlo: Beyoncé era, dijo, la artista de su vida. Entre bambalinas preguntó qué más tenía que hacer Beyoncé para ganar. Cuenta la historia que incluso rompió la estatuilla para compartirla. Una ganadora que insiste en que la perdedora lo merecía más es una rareza en cualquier ceremonia.
Un año antes, en febrero de 2016, su actuación de «All I Ask» en los Grammy quedó arruinada por un fallo técnico: un micrófono cayó sobre las cuerdas del piano y el sonido salió desafinado. Siguió cantando con dignidad, dijo después que lloró casi todo el día y bromeó con que se premiaría con un In-N-Out. En la ceremonia de 2017, cuando su homenaje a George Michael empezó mal, paró y volvió a empezar, diciendo que no podía estropear eso por él.
Su álbum 25 vendió más de 3,3 millones de copias en una sola semana en Estados Unidos, un récord hasta Taylor Swift. El brillo nunca lo buscó: a Adele le bastan un piano, una voz y una historia. Toda su actitud ante la música cabe en una frase: sin máscara. Canta como vive, alto, con honestidad y sin disculpas, y la sala lo siente desde el primer compás.
Adele tiene su propia emisora en la colección Exclusive de Kalisha. Abre la radio y pulsa «reproducir».
— Kalisha 🎧
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